
_¡Mi abuelo baila el Tango como ninguno!_ todavía suelo decir en cualquier situación en la cual pregunten sobre mi familia. Es la "muletilla" que genera en mí cierta seguridad y me remite a pensar en quien simplemente por existir, logra hacerme esbozar una sonrisa, aun en los peores momentos de mi vida. Y lo más curioso del tema es que desde hace años , el viejito ya no puede ni pararse; pero la bella imagen de su figura (tan alto y moreno) imponiéndole pasos de pasión a algún tema de Gardel, es más fuerte que la pura e injusta realidad.
_Nieta e` Tigre_ suele decirme entre sus risas y mis cachetes en tono ya rojo. Y aunque me dé verguenza algunas veces, sé que es así, soy muy parecida a él. Y nunca voy a renegar de esta especie de legado generacional. Mi lazo familiar más especial es con él, mi abuelo Vicente, quién sin ser demasiado culto, ni pretenderlo, me regaló en un momento, qué pensabamos era "el final", su mayor consejo, producto de su amor y sabiduría. Y casi a punto de morir, me tomó de la mano, me miró y dijo: "Nunca dejes de bailar", y la verdad es que nunca lo haré.
Obviamente no se fue, sigue con nosotros; y le gusta hacernos sufrir, pero más hacernos feliz. Por esto mismo yo siempre lo llamo: "Mi viejo Tango".
Esta redacción la hice hace muchos años para mi abuelo Vicente, quién ahora si "se fue de gira"...
Te amo y te extraño...tu flaca.

No hay comentarios:
Publicar un comentario